«El baile de Cristian Martín merece un aparte; su brillo personal es un hecho, y parte de mantener un tono elevado y una ejecutoria ejemplarmente limpia. En Cristian hay un sustancial poético e inteligente, capaz de expandirse y dominar la escena. Eso se llama sensibilidad interpretativa, y se tiene o no se tiene. Su salto, respiración y ataque le dan una seguridad que transmite muy bien la parte emotiva del discurso bailado.»

Roger Salas

EL PAÍS

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